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Al igual que nuestra fabla y nuestras tradiciones, también las mitología aragonesa parece que se ha refugiado
entre los escondrijos del Pirineo. Allí acudimos en busca de nuestra esencia y de nuestro pasado.
Pero quedan todavía las puertaas a reconstruirn por nuestra mitología, yo no se si es que
los bosques, las montañas, cumbres , las nieves y los cierzos crean el caldo del cultivo adecuado a la leyenda o si el contagio de la mitología latina que humanizaba
y multiplicaba dioses ayudo a crear el mito.
La montaña, imponente recorta su blancura contra el cielo azul. Miras a lo alto y vas caminando y cada
vez que la miras cambia de figura , antes parecía la quilla de un velero solitario , después una pirámide y también se ve el perfil inmaculado de una
diosa.
Por eso no es de extrañar que los montañeses hayan encontrado siempre en todas sus montañas y
heleros y en rocas y lagos, la personificación mas absoluta de lo humano, prestándole a todos sus sentimientos y pasiones de hombres y mujeres.
La leyenda que en tantas culturas a servido a servido para difuminar la historia de los pueblos o
su interpretación. Es el caso de la leyenda de Formigal.
Formigal en aragonés significa " hormiguero", como todo el mundo sabe. No obstante cuando uno visita ese
precioso paraje ya famoso en el mundo del esquí se queda sorprendido por la ausencia de hormigas blancas que en tiempos antiquísimos, por lo visto abundaban
allí.
Y entre Formigal y Sallent de Gallego destaca una de las peñas mas emblemática del Pirineo, su silueta
con una doble punta a manera de bonete se refleja ahora en el lago artificial de Lanuza porque le gusta repetirse ya que es única. La llaman" La Peña Foratata " y los que
la han escalado aseguran que esta casi hueca. Una boca en su cima, parece la entrada del mundo del mas allá: un volcán que nunca ha tenido erupción:la
puerta del centro de la tierra.
Todos estos datos han formado la leyenda.
Anayet y Arafita eran tal vez lo dioses mas pobres de la montaña, les habían despojado de sus pinares y
abetales, ni siquiera fresas o chordones, hasta sus ganados escaseaban sus senderos se habían convertido en pasos de contrabandistas.
Anayet y Arafita eran pobres pero trabajadores y honrados,Poco les importaba que los otros dioses-
montañas los despreciaban porque ellos en su pobreza eran felices. Es mas tenían un tesoro que por nada lo cambiarían: una hija preciosa la diosa Culibilla a la que el
cielo doto de todas las bellezas y cualidades entre las que destacaban el candor y su hermosura. Nada quería saber nunca de las pretensiones de todos los dioses
pirenaicos.
Sus mejores afectos eran sin duda hacia los corderillos que competían en blancura con los inmensos
heleros y glaciales que rompían el verdor de sus montañas .Y mas aun amaba a las humildes y trabajadoras hormigas blancas que durante el verano continuaban
blanqueando la montaña, hasta el punto que Culibilla la bautizo con el nombre de Formigal.
La tranquila paz se acabo el día que Balaitus se enamoro ardientemente de Culibilla.
Balaitus era el revés de la medalla: fuerte, poderoso, temido por todos, nadie se oponía jamas a sus
deseos. El amasaba las terribles tormentas del Pirineo y forjaba los rayos capaces de destruir todo lo que le apeteciera. Violento como ninguno, cuando se enfadaba y
hacia correr sus carros por encima de las nubes, se estremecían hasta los cimientos de las montañas.
¿Como iba a ser feliz Culibilla con ese dios ? Naturalmente, lo rechazo como a todos los demás que la
habían pretendido, pero en mal momento ya que a el era la primera vez que lo rechazaban, y juro raptarla. Anayet y Arafita temían sus furores pero ¿ que podían hacer los
pobres por defender a su hija ?
En tres zancadas dicen que se presento Balaitus ante Culibilla, decidido a cumplir su propósito. Las
montañas todas estaban atónitas, sin atreverse a defender a la hermosa y desgraciada diosa, Balaitus era el Zeus de aquel Olimpo Pirenaico. Y dice la leyenda que entonces
Culibilla, al verse perdida, grito: ¡ A mi las hormigas !
A millares acudieron de todos los sitios las hormigas blancas que empezaron a cubrir a Culibilla ante
los ojos de Balaitus que, horrorizado, emprendió la huida.
Culibilla, en el colmo de la amistad y el agradecimiento, se clavo un puñal en el pecho para guardar
dentro junto a su corazón, todas las hormigas: es el foru de Peña Foratata.
Y cuenta que los que suben al Forau de la Peña pueden claramente los latidos de Culibilla, la diosa
agradecida.
Y aseguran también que en Formigal, desde entonces,ya no hay hormigas blancas: todas las tiene ella.
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